Marta 'La Niña' graba en Irlanda y prepara la creación de su compañía de flamenco

Marta 'La Niña', la voz flamenca de Huétor Vega.
Marta 'La Niña', la voz flamenca de Huétor Vega. / JOSÉ DURÁN
  • La cantaora de Huétor Vega comenzó su carrera como joven prodigio en Canal Sur

Ocurrió en 2006. Juan y Medio dio paso a una joven promesa del cante en Canal Sur. Toda Andalucía sollozó con los fandangos de una veinteañera de Huétor Vega. Su nombre: Marta. Su apelativo: ‘La Niña’. En 2007 la invitaron a participar en el programa ‘Mira la vida. Y se inició una ronda televisiva de Granada a Madrid. «La televisión te ayuda mucho a la hora de darte a conocer. Pero siendo uno mismo y yendo a los sitios con humildad se consiguen grandes logros», advierte la artista nacida en Huétor Vega en 1986. Y sí, Marta es muy de Huétor. «Son ya treinta años disfrutando de mi pueblo y de su gente», recalca.

Una década después de aquel escaparate en la pantalla, Marta La Niña no es una promesa, sino una realidad del flamenco granadino. Se ha curtido en las peñas más puristas. Desde La Parra de Huétor hasta la de José Mercé, pasando por La Platería. Ha compartido escenario con Arcángel, El Pele, Curro Albaicín, Miguel Ángel Cortés, Fuensanta La Moneta, Pepe Luis Carmona Habichuela o los hermanos Morente. De hecho, Enrique, El Ronco del Albaicín, resultó una influencia decisiva para Marta. «Sin Enrique Morente, quizás hoy no estaría aquí. Él fue quien me hizo emprender esta aventura que acabó siendo mi manera de ser, de vivir y, a día de hoy, mi profesión», revela La Niña.

Y eso de ‘La Niña’, ¿de dónde viene? «Cuando comencé mi carrera, los artistas me dijeron que no me pusiera ningún apodo, que la gente me daría mi nombre y mi lugar. Y así fue. Cuando cantaba en alguna peña o festival, el público salía diciendo ‘¡qué bien canta la niña!’, ¡cómo canta la niña!’. Y con La Niña me quedé». Una niña que tomaba notas de las grabaciones de clásicos en sepia como Fosfortito, Manolo Caracol, Pepe Pinto, Chocolate, La Paquera. Y Camarón, claro. «Comencé cantando ‘pa tras’, para el baile, con Adrián Sánchez». Marta participaba entonces en cursos de bailaoras de la talla de Belén Maya, Manuela Carrasco o Patricia Guerrero, entre otras. «Poco a poco, fui haciéndome un huequecito en el mundo del arte, donde llevo ya diez años viviendo, luchando y compartiendo en cada uno de los sitios donde es requerida mi persona».

Innovar desde la raíz

Marta La Niña es una flamenca pura, pero inquieta. Por eso no duda en pasear su flamencura por Alemania, Croacia, Austria, Grecia, Marruecos. En Damasco vivió una situación insólita: cantó para el Rey de España y para los ministros de Siria. «Han sido experiencias muy buenas e inolvidables por el trato recibido y por el auge que tiene el flamenco fuera del país. La gente valora tu trabajo, tu esfuerzo y esa es tu recompensa», cuenta. Su última incursión tuvo lugar en marzo: la grabación de un nuevo número para la compañía de danza irlandesa Riverdance, con música compuesta por Bill Whelan, artífice de la banda sonora la película ‘En el nombre del hijo’. La Niña también ha colaborado en un álbum con el maestro saetero Curro Andrés y con el laboratorio coreográfico de flamenco urbano dirigido por Raúl Comba y La Moneta. Su único disco solista hasta la fecha apareció en 2013: ‘Esencias’. Un artefacto cincelado con el guitarrista Luis Mariano Renedo, su mano derecha.

Repite el verbo aprender y hace gala de su amplitud de miras. Marta se deja seducir por sonidos de México y de África. Aunque lo que más le estimula es la creación. «Busco un estilo, un sello artístico. De esa manera sacas todo lo que realmente sientes en cada momento, en cada vivencia personal o ajena. Pero respeto ante todo los cimientos del flamenco». Este verano sorprendió en el festival del Carmen de San Rafael, en Huétor Vega, con unas cantiñas arregladas por ella misma. «Mis intenciones en esas cantiñas fueron los cambios de ritmos y las tonalidades que dentro de ese cante se pueden ejecutar. Pretendía hacer algo diferente, con otro aire, para la mayor captación de un público jondo, pero a la par otro diferente, más joven. Era para darle la oportunidad de escuchar flamenco de una forma más atractiva para ellos».

La pregunta del millón: ¿se puede avanzar a partir del cante antiguo? «¡Claro que si! No hay nada mejor que un buen cante por seguiriya o soleá. Pero la música tiene que seguir creciendo. Cada uno deberíamos aportar nuestro granito de arena. Que no suene todo igual en voces diferentes». Su más reciente intervención en Huétor Vega se produjo el 13 de septiembre, durante una fiesta privada para conmemorar los 35 años de la peña La Parra Flamenca. Allí, en el barrio de Caicena, brilló La Niña junto al cante de Aroa Palomo, el toque lozano de Pablo Fernández 'El Gatito' y Antonio de la Luz, y el baile de Alba Fajardo. «Para mí, La Parra significa mucho. Ahí di mis primeros pasos, mi primera vez con una guitarra ante un público... Y, como solía decir, sola ante el peligro».

Marta se muda ahora a Sevilla y prepara la puesta en marcha de su propia compañía. «Mi propósito es mostrarle al mundo mi manera de ver y admirar el flamenco, que se me identifique por lo que hago. Soy de las que piensa que no solo basta con tener una buena voz y cantar bien. Hay que poner el alma y el corazón en cada verso, en cada cante, en el momento que te lo pida el cuerpo. Si te pide levantarte, ¡levántate!». La cantaora hueteña reconoce que el traslado a la capital hispalense supone el inicio de una etapa en su vida. «Seguiré formándome y creciendo tanto en lo personal como en lo profesional». En Sevilla, La Niña trabaja con el bailaor Rafael Amargo. En la actualidad la reclaman en escuelas de iniciación al cante y peñas flamencas. «Yo pienso que las puertas las abre uno mismo con su lucha y su constancia. Ante todo, nunca hay que dejar de aprender».

¿Un recuerdo grabado a fuego? «El homenaje al gran maestro Enrique Morente, ‘Graná canta, toca y baila’, en los Jardines del Generalife. Compartí escenario con los artistas más grandes que ha dado nuestra tierra», confiesa. «He aprendido mucho en las noches de arte. Y en nuestros ‘ratitos’, como nosotros los llamábamos, en la peña de la guitarra, con Antonio Gallegos, Curro Andrés, Rafael el guitarrero. De vez en cuando asoma por allí Jaime El Parrón. Fueron noches de mucha solera. No quería que se acabaran nunca. Aprendía y me empapaba del buen cante. Y, cómo no, rodeada de unas personas excepcionales».

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