AGER lleva un cuarto de siglo trabajando por los emigrantes que retornan a la provincia de Granada
Ahora que muchos jóvenes se ven abocados a salir del país para trabajar, dentro de eso que algunos llaman «movilidad exterior», asombra el periplo vital de Francisco Delgado. Hueteño del 41, padeció los males de la posguerra y a los 20 años se marchó a Alemania para buscarse las habichuelas. Regresó a su tierra en 1987 y, casi de inmediato, fundó la Asociación Granadina de Emigrantes Retornados (AGER). En el país teutón estudió química y dedicó su carrera profesional a la Merck de Darmstadt. Un infarto le trajo de vuelta. Su mujer le apoyó: no le reprochó que invirtiera un millón de pesetas en la puesta en marcha de la asociación.
E.T.
Miércoles, 20 de abril 2016, 07:01
«Mi mayor satisfacción, además de que mi mujer me permitiera aquella locura, es que gracias a aquella idea hoy hay personas que tienen un ... sueldo. AGER echa una mano al emigrante retornado con todos los medios que están a su alcance», confiesa Francisco en el salón de su domicilio en la zona de Los Rebites. Una vida entregada ayudar a los demás. Ya fuera en el sindicato germano o a través de la asociación que ha liderado durante más de un cuarto de siglo. En la actualidad es viudo. «La soledad es muy mala», asegura, y reparte su tiempo en colectivos como el Centro de Mayores del Zaidín y la Asociación de Pacientes Cardiacos de Granada.
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Curioso. La coyuntura de estos tiempos obliga a que algunos españoles repitan historias como la suya. «Los jóvenes ahora tienen que irse, pero esta generación no ha pasado la fatiga del hambre que nos tocó a los que nacimos tras la Guerra Civil», reflexiona. «Es triste que fuera, el español sea mano de obra barata. Aquí, un ingeniero gana 2.000 euros. Allí, 6.000. Es la pescadilla que se muerde la cola en todo el planeta».
Consultas diarias
AGER atiende a una media de ente cien y doscientas personas cada día. «La asociación se ocupa de que el emigrante no depende de contratar un abogado o una gestoría», señala Francisco. Con unos 20.000 socios ?a los que hay que sumar unos 13.000 no socios a la espera de asociarse con carácter definitivo, lo que se resuelve si es viable la reclamación de sus derechos sociales?, el colectivo cuenta con un departamento de alemán y otro de francés, aunque también se producen consultas de países como Inglaterra, Holanda, incluso Argentina y Cuba.
La agrupación no se limita a gestionar el cobro de pensiones y otros derechos, sino que ofrece atención integral, habiéndose convertido en la «casa de emigrante», un punto de encuentro de amigos y viejos compañeros de trabajo. «En España hay una empresa que no tiene nombre: el emigrante retornado», subraya Francisco Delgado. «En Extremadura, Galicia y Andalucía hay pueblos que están viviendo hasta un 45 por ciento de las pensiones del extranjero. Con el dinero que me mandan a mí no vivo yo solo, sino mucha más gente».
Hoy, AGER es un referente. El campo de actuación de la asociación es principalmente Granada y su provincia, aunque se atienden consultas de toda España y de los países donde aún residen emigrantes españoles, como Alemania, Australia, Bélgica, Francia, Estados Unidos o Brasil. Desde que forma parte de la Federación Española de Asociaciones de Emigrantes Retornados, el número de consultas del resto de provincias se ha visto ampliado.
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