«La ciudad dormitorio y el pueblo del arraigo deben entenderse»
El apellido Escobar es historia viva de la medicina y de Huétor Vega. Don Fernando heredó el nombre y la vocación profesional de su abuelo, el doctor Escobar Manzano, que estableció la finca Huerta Cercada allá por 1930. «Era un hombre entrañable», rememora. «Aquí pasaba largas temporadas. Estableció su lugar de trabajo, su consulta a pacientes y el sitio donde estudiaba, leía y escribía mucho. Alrededor de él, nos criamos sus veinticuatro nietos».
E.T.
Miércoles, 20 de abril 2016, 07:32
El médico Escobar Manzano recorría los pueblos a caballo para tratar a los enfermos. Eran tiempos duros, precarios, y la ausencia de medios tecnológicos se ... suplía con humanidad y cariño. Gran lector de la Generación del 98, en especial de Azorín, «tenía unos ancestros muy de médico de pueblo, de una medicina muy natural, al margen de su labor en la facultad. Huétor Vega siempre ha gozado de magníficos médicos de cabecera», reflexiona hoy, orgulloso, su nieto, que en el 2010 recibió la bandera de Andalucía por parte del Ayuntamiento.
El pasado taquigrafía el presente. Es la filosofía del doctor Escobar Jiménez, que vivió los periodos estivales de su infancia feliz jugando a la pelota, bañándose en piscina de dudosa sanidad y hurtando frutas maduras para disgusto de los sufridos propietarios de los terrenos. La infancia, ese campo abierto para estirar las piernas, que decía Chesterton. «En 1965, yo cursaba primero de carrera. De manera inevitable, me influyó mi abuelo y la experiencia en Huétor Vega. Venir aquí, cuando resides en una urbe capitalina y cerrada como Granada, era bañarse de otra manera, respirar de otra, comer de otra manera, vivir de otra manera, recordar las esquinas de otra manera».
Donaciones
La familia de don Fernando aplicó el principio de dar y recibir a la gente que hoy constituye el barrio de Caicena. «Los Escobar Manzano empezaron a entronizar un pueblo que se encuentra en un lugar privilegiado. Nosotros, la tercera generación, pensamos que nos correspondía parte de la tierra. Mi abuelo pensaba que sería bueno fabricar un pozo para la gente y legar patrimonio a la iglesia de Huétor. La finca contaba con sesenta marjales».
Hoy, varios hermanos del doctor Escobar son vecinos de Huétor Vega. Y él se siente hijo adoptivo de pleno derecho desde 1985. «Nunca hemos puesto barreras con los hueteños de la huerta cercada que han venido a pedir ayuda. La familia quiso un intercambio con el pueblo». Una retroalimentación que ahora reivindica el médico. «Debería haber una interconexión basada en la amistad entre los que hemos estado, los que están y los que han llegado a una ciudad dormitorio. Huétor Vega se ha transformado. Ha progresado una barbaridad. Es normal en democracia que las corporaciones mantengan sus diferencias, pero todos han contribuido al crecimiento del municipio. Ha crecido en comercio, salud y prosperidad», concluye Escobar.
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