Huétor Vega se convierte en ‘ciudad del verano’
Es domingo, cinco de la tarde. Los termómetros superan los treinta grados en Huétor Vega, un par de puntos menos que en Granada capital. Un grupo de señoras se abanican en una placeta contigua a la Avenida de los Almendros. No faltan los abanicos en el aliño indumentario. Sus hijos bajan en bicicleta con toallas: ?¡Vamos a la piscina de El Guerra!?. Una vez allí, el parking repleto y el paisaje de bañadores. Se trata de la piscina, talla XL, de referencia para los hueteños. ?Antes íbamos a la piscina de al lado de Tráfico, pero cerró. Ahora, nos juntamos por las tardes en El Guerra?, explica Óscar, veinteañero hipertatuado, en compañía de dos amigos igual de cultivados en el gimnasio.
E.T.
Miércoles, 20 de abril 2016, 07:29
En verano, Huétor Vega se transforma. Las casas más antiguas del pueblo conservan el aroma de residencia estival. Muchas, servían de domicilio alternativo para muchas ... familias granadinas durante los periodos de vacaciones. Un amplio abanico de viviendas cuentan con piscina propia, tanto las viejas como los adosados de nueva construcción. En los últimos veinte años, el municipio se ha consagrado como ciudad dormitorio. Eso sí, un dormitorio fresquito y en el que apetece quedarse durante los meses de julio y agosto.
Raúl y Macarena llevan dos años en Los Rebites. Viven en una casa blanca de dos plantas. Como tantas otras que se diluyen en el relieve hueteño. Escogieron la zona por la cercanía con el centro de Granada. ?Y también por tener, de paso, un buen veraneo asegurado?, matiza Macarena, que acaba de someter el agua de su coqueta piscina al tratamiento químico adecuado para su puesta en marcha. ?Para los que no nos gusta la playa, la montaña es una opción deliciosa?, cuenta Raúl.
Alzamos la vista y se impone Sierra Nevada, evocando aquello que el escritor inglés Richard Ford dijo allá por 1830: ?No hay mejor itinerario para subir a la sierra que Los Rebites?. Cita que el matrimonio refrenda: ?Aquí no pasamos calor ninguna noche el verano pasado. Por la sierra baja el aire, la fresquita, y entra directa por todas las ventanas.
Sin duda, la bajada brusca de las temperaturas a altas horas produce un efecto frigorífico que los hueteños agradecen de día. Sin embargo, el azote del sol consigue llenar complejos como El Guerra, destino de picnics en sus zonas verdes y de comidas opíparas en sus terrazas. ?Lo bueno de una piscina tan grande es que siempre conoces a alguien. Aquí nacen muchas amistades, ¡incluso amores!?, apunta Silvia, futura diplomada en Magisterio, equipada con una novela de Marian Keyes.
Corralas y terrazas
Los mayores, en cambio, optan por el ambiente de terrazas y corralas de la calle Real. Tapas abundantes, variedad vinícola y tertulias interminables. ?Aunque cuando la liamos bien es en la paella popular de las fiestas de San Roque?, advierte Manuel, visible simpatizante del Barça. Para el próximo 15 de agosto está prevista otra paella gigante en el Parque de los Pinos, con animación de verbena y baile de Mc?Gregor. Habrá concurso gastronómico de postres.
San Roque, momento álgido del verano hueteño, traerá consigo torneos de fútbol nocturno, actividades multiaventura, fiestas del agua y de la espuma, gymkana, además de la coronación de Miss y Mister Huétor Vega. Programación para deportistas y para sibaritas de la comida. Para ociosos y para curiosos. Para grandes y para pequeños.
Javier, que toma el sol en El Guerra antes de subir al pabellón de La Libertad, aboga por el torneo de pádel. ?Tenemos unas pistas que son un lujo. Yo no había jugado al pádel en mi vida. Desde que se construyeron las pistas en La Libertad me he convertido en un experto?, sonríe, convencido de sus posibilidades en el campeonato del 14 de agosto.
Su primo, Carlos, piensa ya en la reunión motera del 17 de agosto. Muchos de los ?rockers? que residen en Huétor Vega se darán cita en Huerta Cercada y recorrerán el pueblo hasta la llegada al Recinto Ferial. ?Este municipio es completísimo: clima, paisaje, fiestas, cultura, tradición? y encima cuenta con senderos preciosos?, concluye Carlos, veraneante orgulloso de Huétor.
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