Huétor Vega
Ocurrió un fin de semana como este, hace diez años. Era el Día Mundial del Medio Ambiente y un colectivo recién nacido en Huétor Vega, Operación Encina, organizó una jornada de reforestación con el apoyo del Ayuntamiento en el Camino de los Neveros. En concreto, en el paraje que parte a continuación del restaurante Las Perdices. La convocatoria resultó un éxito. Daba la sensación de que no solo se estaban plantando árboles: se estaba sembrando conciencia medioambiental en el pueblo. El tiempo ha demostrado que así fue.
Aquel domingo 5 de junio de 2016 se plantaron 200 encinas. Y no murió ninguna. Alguna que otra, eso sí, fue sustraída. En 2017 se dobló el esfuerzo con 400 arbolitos. La reforestación en Huétor Vega se convirtió en un fenómeno del que se empezaba a hablar a nivel nacional. Hoy, la impagable labor de la asociación capitaneada por Beatriz Sánchez y su padre, José Miguel Sánchez Víbora (Pepe Víbora), se traduce en 4.000 encinas a lo largo de cuatro hectáreas. La mayoría han alcanzado ya los tres metros de altura. Y las hay de tres metros y medio.
La visión de un futuro bosque la impuso un episodio dramático. Hay que tener en cuenta que en agosto de 2014 tuvo lugar el incendio en Lomas del Genil, en Cenes de la Vega, que afectó al Camino de los Neveros. Más de 200 hectáreas de masa forestal. Con este antecedente, Beatriz y Pepe aplicaron un principio vertebral: «Las encinas son como un ave fénix: aunque salgan ardiendo, siempre pueden renacer de sus cenizas». Así que hicieron de la encina un hilo conductor. Y divulgaron la importancia de la biodiversidad con la plantación de enebros, sabinas, algarrobos, alcornoques, almeces, moreros o majuelos.
«Hay una intención gastronómica: que sea un bosque de alimentos», explica Bea. «Estamos replicando otro tipo de aromáticas, como la ‘Thymbra capitata’, poco frecuente en esta latitud. Hemos metido gayombas, que son retamas de olor. Y, obviamente, pensamos en los animales de la zona y hemos puesto bebederos a lo largo del proyecto. Porque hay que pensar en las plagas», ahonda.
Día Mundial del Medio Ambiente
Debido a la coincidencia con el Corpus, la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente se adelantó en Huétor Vega al viernes 29 de mayo. El décimo aniversario puso en relieve mucho de lo que ha germinado en el municipio gracias a la reforestación con Operación Encina. Por ejemplo, la existencia de un proyecto municipal como el Aula Ambiental. El joven alumnado realizó presentaciones sobre temas como los microplásticos, la calima o el ‘upcycling’. Esos mismos peques disfrutaron de una merienda saludable con la elaboración de crema de algarroba, y enseñaron a través del teatro el complejo proceso de las micorrizas, que conecta los árboles con los hongos.
A esto se sumaron actividades como un taller de animación tradicional que culminaría por la noche con la proyección de una animación. O la interesante sesión sobre la lana y sus recursos hídricos impartida por Lucía Gimeno Berga, que vino desde Castellón. O la divertida función de ‘Los tres mosquiteros’, en la que Ángela Zarauz y Maite Raya mostraron cómo diferenciar a los vencejos, las gaviotas y los aviones.
«El Camino de los Neveros era un sitio donde casi no se transitaba y ahora cada vez vemos más gente pasando por allí»
Beatriz Sánchez
Operación Encina
Otra maravilla fue contemplar en directo al pintor hueteño Abel Villén en pleno proceso de ‘plein air’, plasmando el paisaje en una obra con Sierra Nevada como telón de fondo. El cuadro se sorteó. Le tocó a la familia de Raquel, José y Nora, muy activa en el Aula Ambiental. De hecho, hicieron unos pendientes de bellotas de la Alhambra que se vendieron en la jornada.
La concejala de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Huétor Vega, Olga Calvente, destacaba la gran implicación de las familias. Una nueva generación de hueteños ha crecido en paralelo a estas encinas y se siente parte de esta historia. «Entendimos que la educación ambiental era algo esencial. Vimos que la gente quería aprender lo mismo que nosotros estábamos aprendiendo. Queríamos compartir lo fascinante que estaba siendo ese camino. Nos dimos cuenta de que era lo acertado, que teníamos que involucrar a la ciudadanía», apunta Beatriz Sánchez.
«El pueblo de las encinas»
Durante esta década, Huétor Vega ha tenido resonancia nacional e internacional gracias al trabajo de Operación Encina. «Mucha gente se refiere a Huétor como ‘El pueblo de las encinas’, cuando verdaderamente no es un pueblo que tenga una masa forestal. Nunca pensamos que esto iba a llegar a este impacto», admite Beatriz. «El Camino de los Neveros era un sitio donde casi no se transitaba y ahora cada vez vemos más gente pasando por allí», agrega.
Pero la revolución se cultiva de puertas adentro. Tanto el profesorado como los estudiantes del instituto, el IES Los Neveros, que es Escuela Embajadora del Parlamento Europeo, se han volcado en el proyecto y lo difunden. «Hablo con cualquier director de los centros educativos de Huétor Vega, o con cualquier profesor o profesora, y están haciendo su parte, colaborando, ayudando a que esto pueda seguir y que se llegue más lejos», revela la cofundadora de Operación Encina.
«El Aula Ambiental también tiene mucho que ver, porque ahí es donde verdaderamente se hace el intensivo con los niños y niñas. Las familias están interesadas en que la educación ambiental llegue a otro nivel. Y hay interés en replicar el proyecto», añade.
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Las redes de Operación Encina se expanden más allá de las fronteras locales. El año pasado, un equipo de rodaje procedente de Londres preparaba un documental sobre la trayectoria de la asociación. Además, a través de la organización estadounidense Where There Be Dragons, estudiantes norteamericanos y de China visitan el terreno reforestado en el Camino de los Neveros. «Ven lo bonito que es cuidar el planeta, que se pueden utilizar herramientas ante el problema del cambio climático y cómo las estamos utilizando aquí», señala Beatriz.
Por otra parte, ahora arranca la alianza con la Universidad de Granada y el CSIC mediante la iniciativa ‘Soilcrates’, que llega hasta Irlanda, Países Bajos y Francia. Uno de los once proyectos piloto con sello granadino es el de Operación Encina: ‘Soil architects’ (‘Arquitectos del suelo’). ¿Objetivo? Cubrir de árboles una nueva hectárea y evidenciar el impacto del cultivo de microorganismos en un suelo donde nunca se ha trabajado. «Si tienes un suelo sano, tendrás una reforestación aún más sana», dicen. «Para mí, Operación Encina es una forma de vida», concluye Beatriz.
«Hemos luchado contra plagas y contra la sequía»
Si Beatriz Sánchez ha sido la gran pieza dinamizadora de Operación Encina durante esta década, su padre, Pepe Víbora, representa el corazón y el alma del proyecto. Es el hombre que susurra a las encinas. Las conoce y cuida de ellas a diario. «Cuando empezamos, no teníamos ni idea de dónde nos metíamos. Queríamos sacar unas plantas que habíamos germinado en nuestra casa, como hacen ahora las madres y padres que vienen y quieren plantar por su niño», rememora.
«No han sido solo diez años de cuidar unos árboles. Ha sido una odisea de fórmulas, de maneras de intentar sacarlos, de riegos… Una bestialidad. La gente no se puede hacer una idea. Pero eso a nosotros nos ha dado cada vez más fuerza y lo hemos pasado bien. A cualquiera que pasaba por aquí le daba apuro vernos pasar estos calores, pero siempre estábamos observando los resultados. Cuando uno iba mal, sufrías por él y buscabas un remedio para intentar sacarlo mejor. Y el que iba bien, pues te daba una gran satisfacción. Hemos estado luchando contra plagas, contra la sequía y contra un montón de cosas. Y está yendo bien», resume.
Pepe Víbora piensa ahora en la fórmula de regenerar el suelo: «Esa es otra otra faceta que no sé hasta dónde nos puede llevar, si otros diez o veinte años. Para mí es una gran aventura. Me da años de vida. Tengo 70 años y la misma ilusión que el primer día que estuve aquí», confiesa. «Este pueblo no tenía un bosque. Disfrutaremos de una sombra maravillosa y unas vistas espectaculares», remata.
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