Miembros del equipo de gobierno de Huétor Vega, con la familia del añorado pintor, en la nueva plaza dedicada a David Zaafra. / M. CHACÓN

Una plaza en Huétor Vega para los pinceles de David Zaafra

El desaparecido pintor cuenta ya con un espacio con su nombre, fruto de un trabajo meticuloso en el que se ha implicado El Niño de las Pinturas

EDUARDO TÉBAR

David Zaafra fue un maestro de la pintura que, tras una vida apasionante y nómada por lugares tan dispares como Francia, Alemania, Bélgica y Holanda, hizo de Huétor Vega su definitivo hogar y punto de residencia. Ahora, el municipio estrena la plaza que lleva su nombre, ubicada en la avenida La Libertad, frente al Polideportivo Las Viñas. El proyecto se aprobó poco después de su fallecimiento en 2017 y la familia se ha implicado al máximo, con planos detallados de todos los elementos y características del espacio. La guinda fue la participación (desinteresada) de El Niño de Las Pinturas, gran amigo de Zaafra, que en apenas tres días de la última semana de marzo remató la obra.

«Es un honor poder colaborar en el muro de la plaza homenaje al artista David Zaafra en Huétor Vega. Hace dos años comenzábamos con el diseño del muro, dándole volumen a las imágenes con mortero, y por fin ahora se abrirá al público», comentó el famoso artista urbano El Niño de las Pinturas. Habrá que esperar varios meses para el acto de inauguración oficial debido a la situación sanitaria. Lo que sí es una realidad es la materialización de este nuevo emblema del paisaje urbanístico del municipio metropolitano: la plaza David Zaafra. El desaparecido maestro, considerado el pintor del 'quejío', tiene casualmente su sitio en una zona rodeada de calles que se llaman Martinete, Bulerías o Verdiales. Todo son sugerencias flamencas.

DIEGO LUZ

Los viandantes pueden disfrutar ya de la imagen de un Zaafra que pinta una jaula, símbolo del anhelo de libertad que le llevó realizar un mural en la cárcel de Albolote en 2013. Junto a él, el desgarro de Camarón y el toque de guitarra de Tomatito. Son, todos ellos, guiños constantes a las referencias que marcaron su manera de ver la vida. Además, el atril con las paletas en acero delante, sobre una forma de estrella de la Alhambra, convierten esta plaza en un verdadero tesoro para Huétor Vega, con un suelo simula un empedrado.

«Estamos muy contentos y muy agradecidos con todo el mundo que ha colaborado», comentan los familiares del artista

Todos los acabados se han llevado a la práctica de acuerdo con la familia. Ha sido una labor concienzuda del área de Mantenimiento. La concejala de Urbanismo, Susana Megías, apunta que el Ayuntamiento se adaptó a la disponibilidad de El Niño de las Pinturas: «Nos hemos coordinado para que todo terminase a la vez». Lo último fue la jardinería, entre la que se aprecian variedades de tomillo, arrayán, romero o laurel.

La familia de David Zaafra no perdió detalle del proceso final de El Niño de las Pinturas: «Estamos muy ilusionados. Esto es una preciosidad. Estamos muy contentos y muy agradecidos con todo el mundo que ha colaborado. El Niño de las Pinturas no cobra nada porque ellos dos eran muy amigos. Insistió en que es un regalo a la familia. Y quiere que figure toda la gente que ha colaborado, no solo él», revela la viuda del artista, María Ángeles Ribot de Mundet.

Discípulos

Tampoco se desligó del proceso el fiel alumnado del pintor en Huétor Vega, un colectivo que ha creado una asociación cultural que también lleva con orgullo el nombre de David Zaafra. «Nosotros planteamos el proyecto al Ayuntamiento y mi compañero Javier hizo la maqueta inicial. Luego, la familia le dio la forma final a un proyecto muy elaborado, donde todos los elementos están totalmente detallados y personalizados», relata Silvia Dorizzi. «Sin duda resultó un gran trabajo, plasmando la esencia de David Zaafra en esta espléndida plaza. Por supuesto, el mural tenía que hacerlo Raúl, El Niño de las Pinturas, muy amigo de David con el que colaboró en algunos trabajos y que conocía como nadie sus inquietudes artísticas y humanas», explica la pupila hueteña de Zaafra.

El Niño de las Pinturas, en plena faena. / DIEGO LUZ

Manel, arquitecto, hijo de Zaafra, realizó todos los planos y puso sobre la mesa cada mínimo elemento que configuraría la plaza. Todo se ha respetado al cien por cien. Silvia y María Ángeles acompañaron a El Niño de las Pinturas en todo el proceso con el mural. A su vez, acompasados, los operarios trabajaban con el monolito o los alcorques.

DIEGO LUZ

El mural, realizado sobre un muro hecho a medida con relieves de El Niño de las Pinturas en algunas de las figuras para dar más volumen al conjunto, recordará siempre al pintor David Zaafra. Están los grafismos y caligrafías reconocibles del grafitero del Realejo. Todo un mundo repleto de evocaciones que mantendrán vivo en el recuerdo colectivo a este artista tan querido.