Alfredo G. Agea, en Huétor Vega, donde aprendió a contar historias. / DIEGO LUZ

«Los paseos por los campos de Huétor Vega son fuente de pura inspiración»

El escritor hueteño atraviesa un momento prolífico con la saga de fantasía épica 'Los guerreros de la marca'

EDUARDO TÉBAR

Alfredo García Agea es un hueteño, licenciado en Traducción e Interpretación y profesor de inglés en la enseñanza pública, que apenas supera la treintena. Precisamente ahora, en esta etapa de la vida en la que se mezclan juventud y madurez, y después de vivir en ciudades como Boston, Liverpool, Pekín y Madrid, ha apretado el acelerador en su carrera literaria. En el último año ha publicado dos obras aclamadas de narrativa, 'El mensaje real' y 'La llama negra', pertenecientes a la saga 'Los guerreros de la marca'. Y las ha escrito en su tierra. Un fenómeno de fantasía épica que publica la formidable escudería granadina Esdrújula Ediciones.

–Usted nació en 1990. Y no fue hasta 2019 cuando decidió materializar la idea que rondaba sus adentros.

–He estado escribiendo desde que mi memoria puede recordar. Ya cuando era pequeño escribía pequeñas historias para los amigos de mi barrio en las que nosotros éramos los protagonistas. Aún me acuerdo de cómo nos ilusionábamos al imaginar que realmente vivíamos esas historias. Seguí con la escritura e incluso llegué a ganar algunos certámenes de relatos breves y poesía. Sin embargo, jamás imaginé que algún día una editorial se fijaría en mi obra y que mis escritos serían leídos por alguien ajeno a mis amigos y familia.

–Así que escribe porque…

–Porque lo necesito. Cuando me siento delante del ordenador y doy rienda suelta a mis dedos sobre el teclado, paso a un mundo distinto. Todo alrededor desaparece, literalmente, y me siento realmente auténtico. Es un momento en el que puedo ser yo mismo sin importar el qué dirán. Solo estamos mi relato y yo. Lo que me atrae de la escritura no es el número de lectores o el éxito de la obra, sino la paz que siento y la libertad que tengo para decir lo que quiero. Es mi historia y son mis personajes. Ahí, en ese lugar, las normas las pongo yo, incluso la de ser feliz a pesar de los vaivenes a los que la vida te somete a veces.

«La pentalogía es mi humilde intento de acercar este género, donde lo imposible se hace factible»

–Según la estadística, los treinta es un momento de plenitud literaria.

–¿Y qué es la plenitud literaria? Si bien es cierto que cuando rozas la treintena ya eres más maduro, tienes más experiencia como lector y, por tanto, como escritor, también lo es que no son los únicos ingredientes para formar a un gran escritor. Para escribir algo bueno también hace falta organización, documentación, formación, dedicación y, por supuesto, corazón. La verdad es que en mi caso ha sido justo en esta edad cuando me he sentido preparado para empezar a contarle al mundo todo lo que llevo dentro. Por supuesto, aún me queda muchísimo por aprender y mejorar. Solo soy un novatillo.

–Se lanza a lo grande, con toda una pentalogía por entregas.

–'Los guerreros de la marca' es mi humilde intento de acercar la fantasía épica a la gente. Me explico: siempre que hablo con mis alumnos y con amigos de las enormes obras de este género, tales como 'El señor de los anillos', 'El hobbit' o 'Juego de tronos', coinciden en que son algo complejas de leer. Por eso mismo empecé con esta saga. De hecho, la primera entrega, 'El mensaje real', es una introducción suave, para que todo el mundo se sienta cómodo. A partir de ahí, cada libro añade algo de complejidad e ingredientes fantásticos a la historia: seres, personajes, poderes... Quizás, por eso mismo, sumado a su gran extensión, es adecuado que la pentalogía se divida en partes.

Evasión

–¿Qué es lo que tanto engancha de la fantasía épica?

–La respuesta es fácil: engancha la evasión. La fantasía épica te permite viajar y soñar. Te desplaza a un mundo diferente, donde lo imposible se hace factible. Un mundo que te recuerda que, por muy difíciles que estén las cosas, siempre puede haber luz y triunfar el bien. De repente, te olvidas de los problemas del día a día para encontrarte con seres fantásticos y maravillosos, pero también con villanos oscuros y terribles. Creo que más gente debería darle una oportunidad a este género, sobre todo en los tiempos no tan fáciles que estamos viviendo.

–¿Referentes confesables?

–Desde que era pequeño, mis padres hicieron mucho hincapié en que cultivara mi imaginación y leyera. He tenido en mis manos muchos escritores geniales, pero sin duda el que ocupa el primer puesto es J.R.R. Tolkien. Creo que no tenía ni diez años cuando, un día, le dije a mis padres que me aburría en una tarde de verano. Ellos no dudaron en dejarme 'El hobbit'. Desde entonces se desató este huracán. Mi mente decidió que no quería dejar de volar por los mundos de fantasía. Decidí que algún día sería yo quien hiciera soñar a algún lector con mis escritos.

«Algunos institutos la han fijado ya como lectura obligatoria y otros como recomendada»

–¿Qué tal ha sido la acogida?

–Mucho mejor de lo esperado. Sinceramente, esperaba que solo familia y algunos amigos compraran 'El mensaje real'. Bastaron las dos presentaciones de Motril y Granada para necesitar la siguiente impresión. Mi idea de suavizar la fantasía épica en un primer libro para luego dejar que evolucione ha funcionado, o eso parece, ya que muchos lectores de otros géneros se han leído las dos primeras entregas y están esperando la tercera. Algunos institutos ya la han fijado como lectura recomendada y otros como obligatoria. Incluso un instituto de Fuenlabrada hizo una gran compra para sus alumnos y me esperan para una charla. ¡No me lo creo!

–Y toda esta creación, en Huétor.

–Sí. Los tres primeros libros los escribí en Huétor Vega. Siempre he vivido aquí y mis historias de cuando era pequeño siempre transcurrían, o al menos empezaban, en estas calles y barrios. Los paseos vespertinos por estas calles y campos son fuente pura de inspiración. Pero, aunque he pasado toda mi vida aquí y lo conozco a la perfección, tengo que decir que lo que realmente me inspiró fue estar cerca de mis seres queridos. Con ese amor e ilusión que me transmiten, me siento capaz de cumplir un sueño.