Huétor Vega
Su rostro es ya reconocido más allá del pueblo: «El otro día se me acercó el revisor en el metro y me preguntó si soy ... el cocinero de Huétor Vega». Manuel Ruano Díez tiene 18 años. Este viernes realiza su último examen de Bachillerato. Después, una vez hecha la Selectividad, cumplirá su sueño: entrar en la Escuela de Hostelería. Vecino del centro, Manuel llega a este punto tras triunfar con sus talleres de 'Top Chef' en el Espacio Joven del municipio. Y con el éxito de su libro autoeditado, 'Cocinando recuerdos', del que va a sacar algo más de setenta nuevos ejemplares.
–Hay una historia muy bonita detrás de este libro.
–Empecé hace cuatro años porque a mi abuela le diagnosticaron Alzheimer. Comencé a recopilar sus recetas. Desde chiquitillo, siempre he estado con ella en la cocina. Es muy duro cuando ves cómo a esa persona se le van olvidando las cosas. Fue mi manera de asegurar que sus recetas de toda la vida no se pierdan.
–¿Tu abuela te inculcó el amor a la cocina?
Totalmente. La cocina a mí me viene de familia. La madre de mi abuela Victoria, mi bisabuela, fue cocinera de Manuel de Falla. Aquí en Huétor la llamaban Carmen 'La de la cal'. Salió en 'Huetor Vega Gráfico'. No la conocí, pero sí a mi abuela. Le dio el Alzheimer cuando yo tenía 14 años. Fue cuando nos encerraron por el covid. Pasé mi infancia con ella, cocinando a su lado. Los roscos y pestiños en Semana Santa, el arroz... Son unos olores que tengo grabados en mi en mi mente y han marcado mi vida. Y, de hecho, van a marcar mi futuro, porque me voy a dedicar a esto.
–«Hagas lo que hagas, ámalo», le decía el viejo Alfredo a Totó en 'Cinema Paradiso'. Tú amas los fogones.
–¡La cocina es mi vida! El pasado fin de semana, en las cruces, me lo pasé en grande preparando la comida en la Hermandad de los Estudiantes de Granada. Dicen que la cocina es muy sacrificada. Yo pienso que el trabajo sacrificado es el que no te gusta. Sacrificado es lo que hace un médico de urgencias, una enfermera, las personas que trabajan en residencias o los basureros, sacrificando fines de semana o días de verano.
–¿Qué recetas están teniendo más aceptación?
–Los roscos de Semana Santa. Hice la receta en un curso de cocina aquí, en el Espacio Joven, y a la gente le encantó. El olor de los roscos friéndose me trae la imagen de las manos de mi abuela cocinando. Era un momento de intimidad familiar. Echábamos toda la tarde y yo me lo pasaba pipa.
Agradecido
–¿Y qué tal fue la presentación del libro en el Espacio Joven?
–Todo un éxito. No me lo esperaba. Sabía que iba a ir gente, pero se quedó pequeño. Creo que ni el Ayuntamiento esperaba llenar tantísimo.
–Bueno, agotaste medio centenar de ejemplares.
–Hice cincuenta libros de entrada. Temía quedarme colgado con ellos si sacaba muchos. Es algo que estoy gestionando yo solo con la ayuda de mi madre. Después, mucha gente me hizo encargos, así que ahora lanzo una segunda edición con 72 libros más. Y creo que se me van a quedar cortos. Tengo que agradecer al Ayuntamiento que preparase la presentación con tanto cariño. Y los cursos que estoy haciendo en colaboración con la Concejalía de Juventud, que han tenido muchísima aceptación también. Lo próximo seguramente será meternos en la cocina asiática.
Accede sin límite a todo el contenido
¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión