Ana Mochón y Ramón del Paso, en el Carmen de San Rafael.
Ana Mochón y Ramón del Paso, en el Carmen de San Rafael. / D.L.

Los 28 veranos jondos de Huétor

  • El Festival Flamenco del municipio homenajeó a Juan Habichuela y El Lebrijano

Hasta la luna en cuarto creciente quiso participar en la fiesta en el Carmen de San Rafael, en Huétor Vega. Magia. Así, con todas las letras. Había mucho por lo que brindar durante la velada del viernes. Los 35 años de la peña La Parra Flamenca: el tablao con más solera que existe, con permiso de La Platería. Las 28 ediciones que cumple el Festival Flamenco del municipio. Y la congoja por los referentes titánicos fallecidos estas semanas: Juan Carmona Habichuela (socio de honor de La Parra) y El Lebrijano.

El anunciado homenaje al patriarca de los Carmona se resolvió a modo de prólogo. Un aperitivo tan sorprendente como emotivo para el público que llenó las butacas de este jardín idílico que asoma a la Vega. La historia resulta bien bonita: Ángeles Casado, veterana socia de la peña, poeta y cantaora ocasional, se arrancó sobre el escenario del barrio hueteño de Caicena en 1987, aupada por la guitarra de Juan Habichuela. Tres décadas después, revivió aquel momento en memoria del maestro. “Ay, quién pudiera estar siempre a la verita tuya para verte tocar / porque gloria pura es lo que tú nos das cuando coges la guitarra y tus manos la hacen hablar”.

El cartel presentaba una apuesta decidida por el talento local. Apuesta ganadora. Por este orden, Tomás García, Marta ‘La Niña’, Iván ‘El Centenillo’ y Ana Mochón protagonizaron una noche que algunos tardarán en olvidar. Más con el impecable sonido pergeñado desde la mesa por otro histórico, Manolo Dabán. El nuevo presidente de La Parra, Miguel Baños, apeló a la regeneración de la casa: “Quiero atraer a la gente del pueblo para que se aficionen al flamenco. Nuestra puerta está abierta para todos. No solo vivimos se cantar y de bailar: necesitamos socios”. Por su parte, el alcalde, Mariano Molina, se comprometió a garantizar la supervivencia del festival, que ha contado con el apoyo del Ayuntamiento y Diputación.

Tomás García, 'La Niña', 'El Centenillo' y Mochón

Tomás García acaba de cumplir la mayoría de edad, pero se expresa como un señor de 50 años: “Vengo a este festival desde que tengo conciencia flamenca. Es una reunión de artistas y cabales”. Con asombrosa madurez, evocó la audacia de El Lebrijano para devolver el legado árabigo-andaluz y confesó tardes de aprendizaje en el taller de Rafael Moreno. “Al cante no lo molestes. Tócalo muy despacito, como el Habichuela a Morente”. Acompañado por la guitarra de Antonio de la Luz, empezó con las serranas que hace unos años grabaron Los Evangelistas en clave rock. Siguió con soleá por bulerías y se marchó con alegría de ida y vuelta, dando una lección por bulerías de Cádiz.

Marta ‘La Niña’ jugaba en casa. Y ofreció el lado más solemne y docto de su arte. Tras una década de aprendizaje y una incipiente carrera internacional –ha grabado en Dublín y ha cantado en Miami–, se arriesgó con unas cantiñas arregladas por ella misma. Su arranque por tientos fue una declaración de intenciones. Cante de raigambre que brilló por arenas movedizas de zambra caracolera y dio un respiro final por tangos.

Por otro lado, el ya hueteño adoptivo ‘El Centenillo’ subió la temperatura y las dosis de espectáculo. Con abundantes guiños a su origen sacromontano y al pasado decimonónico de ‘Chorrojumo’. Iván respetó la inercia natural: comenzar con lágrimas para marcharse palmeando. Los fieles le pedían cantes por granaínas, pero él estaba por la labor de lanzarse con una caña y abandonar la silla en un sobrecogedor tributo a las madres vía Pepe Pinto. ‘Toíto te lo consiento menos faltarle a mi mare’. Un compendio de fandangos y soleá con recitado intermedio incrustado en la memoria colectiva de Andalucía. De crack.

Ya de madrugada, Ana Mochón fue recibida como verdadera cabeza de cartel. Incluso variaron las luces para su recital. 21 años, una titulación en Flamencología y un glosario de premios. La suya es, según los muchos entendidos del lugar, una voz privilegiada. Embadurnada sin remedio de clasicismo. Mostró sus respetos a Juan Habichuela y al Lebrijano, y alzó coqueta la ‘Soleá de mis pesares’. Unas malagueñas perfectas, en complicidad con el inmenso tocaor de Huétor Vega, Ramón del Paso. Y versos para guardar: “Reniego de las espinas / pero no de los rosales”. El broche de rigor, cómo no, lo encarnó la tropa de flamencos sobre las tablas. La fecha lo sugería: por tangos para todas las cármenes.