«Estamos empoderadas porque hemos alcanzado nivel educativo»

«Nos queremos vivas», dice Juana de Miguel, activista por la igualdad./DIEGO LUZ
«Nos queremos vivas», dice Juana de Miguel, activista por la igualdad. / DIEGO LUZ

Presidenta de la asociación de mujeres Vesci

EDUARDO TÉBARGranada

Ajetreo en la sede de Vesci, la asociación de mujeres que funciona en Huétor Vega desde 1995. En el local de Huerta Cercada, su presidenta, Juana de Miguel Rodríguez, apura para no perder el autobús: han quedado para comprar juntas los pañuelos que usarán en la manifestación del 8 de Marzo. Ella también se sumó a la huelga convocada por la plataforma. Veterana activista, Juana vivió Mayo del 68 en plena pubertad, cuando estudiaba en París. Asegura que todavía conserva aquellas esencias rebeldes, los aires de libertad. De origen malagueño, en 1988 fue la primera secretaria de la Mujer en la ejecutiva provincial del PSOE. También ha trabajado por la igualdad desde la trinchera política del Ayuntamiento, donde ha ejercido de concejala en tres etapas las tres últimas décadas.

–¿Qué recuerda de su precoz experiencia en Francia?

–Fue poco tiempo y me pilló muy joven, desde los 13 hasta los 15 años. Pero me impactó Mayo del 68. Las francesas eran mujeres mucho más adelantadas que nosotras, tanto en lo cultural como en lo político. De alguna manera, aquella visión del mundo me acompañó cuando me convertí en la primera secretaria de Igualdad de la ejecutiva provincial del PSOE. En ese momento se llamaba Secretaría de la Mujer. Ahí estuve nueve años. En Huétor Vega fui concejala de 1987 a 1995, y volví en 2007.

–¿Cuándo le picó el gusanillo de la política?

–Entré en política cuando murió Franco. Empecé en plena Transición. Éramos muy jóvenes y teníamos ganas de luchar. Todos y todas salimos a la calle: mujeres y hombres. A partir de ahí, me volqué en la lucha por la igualdad. La política era la herramienta para conseguirlo.

«En París descubrí una mentalidad avanzada durante Mayo del 68»

–¿Y cómo descubrió el feminismo?

–Lo tuve claro desde el principio. Era una niña muy analítica y me daba cuenta de que esto tenía que cambiar. Me decían que soy una cabezona, pero lo que soy es inconformista. ¿No somos iguales? ¿No venimos todos al mundo por el mismo sitio? Me hacía preguntas. Continuamente me preguntaba por qué.

–¿Comparte la idea de que el feminismo es el mayor movimiento de cambio social en la actualidad?

–Este feminismo es fruto de lo que se ha ido madurando con el tiempo. Las mujeres hemos trabajado para llegar aquí. Esto tenía que florecer en un momento dado. Y espero que esta floración se mantenga. No era fácil salir a la calle para hablar de feminismo. Ser feminista no significa estar por encima del hombre. Nosotras no queremos ser más ni menos que el hombre, ni mejor ni peor: simplemente reivindicamos igualdad. Y nos ha costado mucho. En Huétor Vega, por suerte, he contado con el apoyo de los hombres que han trabajado conmigo. Las mujeres también respondían conforme dábamos pasitos en una sociedad muy conservadora. La primera vez que las mujeres desfilaron en chándal por la calle fue a través de la asociación de padres y madres. Así, paso a paso, pero sin marcha atrás.

–Entonces, ¿es optimista?

–Lo soy. No tengo miedo de la marea que ha surgido contra el feminismo. Vivimos en un país democrático y la igualdad está recogida en la Constitución. Las feministas estamos aquí para trabajar por una sociedad moderna. Si un sector está rabioso es porque nos ven fuertes. Las mujeres representamos más de la mitad de la sociedad española. En esto debemos permanecer unidas. Ninguna mujer ni ningún hombre tienen por qué arrodillarse. Ahora estamos empoderadas porque hemos alcanzado un nivel educativo importante. Los padres y las madres están cada vez más concienciados en la educación de sus hijos e hijas. Pero faltan muchas cosas. Falta concienciación.

«Es bueno que los nuevos vecinos de Huétor Vega matriculen aquí a sus hijos»

–¿Cómo valora la evolución en el municipio?

–Somos área metropolitana. Se ha instalado en Huétor Vega gente muy preparada. La mayoría entran y salen, pero donde verdaderamente hacen vida es en Granada. Quienes han ayudado mucho a que esto evolucione son los padres y madres que tienen a sus hijos escolarizados aquí. Digamos que se ha abierto el abanico. Han llegado mujeres nuevas al pueblo y eso es bueno. Y, ojo, para mí las mujeres de Huétor son las mejores. Además, los talleres de Huétor Vega han cumplido una función interesante, que es sacar a las mujeres de sus cuatro paredes. El feminismo está pisando tierra, pisando suelo.

«Los talleres en el municipio han sacado a la mujer de las cuatro paredes de casa»

–¿Goza de buena salud el colectivo Vesci?

–Ahora somos cincuenta, pero ha llegado a haber 160 afiliadas. Yo he dimitido varias veces. Es necesaria una renovación porque estamos envejeciendo juntas. Es normal. Ya no criamos hijos, sino nietos. La gente joven está en otra cosa. Su principal lucha es lograr puestos de trabajo dignos. La cultura nos aporta cosas. Hacemos escapadas y hablamos mucho en los trayectos en autobús. Cuando estamos nosotras con nosotras mismas somos muy libres y nos contamos lo que pensamos. Incluso reírnos es una terapia para este colectivo. Por si alguna mujer se anima, estamos los martes por la mañana y los jueves por la tarde. Tenemos una pequeña librería.

–¿Cuál ha sido el momento más duro para la asociación?

–Los actos de repulsa por dos mujeres de Huétor Vega asesinadas por violencia de género.