El diálogo con nuestra sociedad

Éramos ricos cuando nos sentábamos en la misma mesa con nuestros mayores, con las personas que tanto nos querían y que, desgraciadamente, ya no están. Ahí éramos ricos de verdad, pero nosotros no lo sabíamos.

El diálogo con nuestra sociedad
DIEGO LUZ
CHUS FERNÁNDEZ MARTÍN
CHUS FERNÁNDEZ MARTÍNDiputado en el Parlamento Andaluz por Adelante Andalucía

En la actualidad, vivimos en una sociedad fugaz. Una sociedad de instantes y no de momentos. De fotos y no de retratos. De llegar al fin del camino y no de disfrutarlo mientras lo paseamos. Una sociedad de engullir y no de degustar. Una sociedad en la que el «a ver si quedamos para tomar un café» queda relegado a un insignificante segundo plano donde priorizamos el trabajo, el estrés y el móvil. Tenemos tiempo para todo, menos para lo importante. Tenemos tiempo para lo atemporal pero nunca para lo temporal. Tenemos tiempo para lo infinito, pero no para lo finito. Y lo peor de todo: nos damos cuenta de ello cuando ya estamos en esa última estación de nuestra vida; cuando el tren da el aviso para que inicie el último viaje.

Es ahí, en ese mismo momento, donde somos conscientes que, a pesar de haber atesorado miles de riquezas y miles de éxitos durante nuestra vida, no éramos afortunados. ¿Cuántas de esas riquezas daríamos para estar un solo minuto con esos seres queridos que ya no están? Éramos ricos cuando nos sentábamos en la misma mesa con nuestros mayores, con las personas que tanto nos querían y que, desgraciadamente, ya no están. Ahí éramos ricos y no lo sabíamos.

Debemos tener una sociedad, por tanto, que huya de la 'gerontofobia', que huya de la visibilidad de 'lo mayor' como algo negativo, acompañado de esa aporofobia inherente, esa fobia al pobre. No son pocos los casos en los que muchas personas mayores han muerto en la más dura soledad donde fueron descubiertas a los días o a las semanas de fallecer, bien por el olor que emanaba de su lugar de residencia o bien por la voz de alarma que daba algún vecino al notar su ausencia.

Y muchos de ellos tras llevar varias jornadas de agonía en la cama o en el suelo, falleciendo de inanición. Incluso se da el caso de que quien se percata de dicha ausencia es algún trabajador o trabajadora de la cafetería o de la pequeña tienda que frecuentaba la persona fallecida al no acudir a la misma. Pero el fallecimiento no es más que la punta del iceberg. El fallecimiento en soledad es la prueba tangible de un proceso que se lleva fraguando tiempo atrás y que, no en pocas ocasiones, va emparejado a ciertos factores de exclusión social. Las bajas pensiones y la desigualdad social y económica hacen que se acentúe esa aporofobia, que se vuelve aún más cruda si se une con la edad avanzada. Se debe apostar, por parte de las administraciones públicas, por medidas de prevención, de detección y de eliminación de la soledad. Es decir, por medidas que no solo eliminen la soledad actual de muchas personas mayores, sino que la eviten en tantas otras.

Medidas como el apoyo a los colectivos LGTBI, para que no se produzca una 'armarización' de las personas que acuden a los centros de mayores. El aumento de los planes académicos para evitar su soledad y su aislamiento tecnológico. la lucha por la equiparación de las pensiones, donde, de media de estas, en Andalucía se sitúa un 10% por debajo de la media estatal; así como la equiparación en las pensiones entre hombres y mujeres, ya que la diferencia entre ambos es de 34%. La soledad en los mayores tiene nombre de mujer y apellidos de pensión no contributiva, y para ello es fundamental incrementar progresivamente el complemento autonómico a las pensiones más bajas y pensiones no contributivas.

Otras medidas serían priorizar la construcción y mejora de centros sociales de mayores y viviendas de autogestión comunitaria, así como la activación de protocolos que engloben actuaciones a realizar por parte de las diferentes administraciones en colaboración con los agentes sociales y con los comercios locales, que son los que, en muchos casos, detectan indicios de soledad aumentando las relaciones de vecindad.

Todo ello sin olvidar el aumento de recursos de la ayuda a domicilio y la mejora de las condiciones de las trabajadoras de ayuda a domicilio. Pero para que todas estas medidas, y otras tantas más, sean posibles es necesario incrementar el presupuesto de la Junta de Andalucía de manera acorde al incremento de población de avanzada edad para adecuarlo a las nuevas necesidades sociales. Hoy día se hace más urgente mirar hacia Latinoamérica y hacia África para retomar ese modelo basado en venerar a las personas mayores como fuente de conocimiento, de experiencia y de riqueza cultural. Es más necesaria que nunca una sociedad de momentos, de retratos.