«Me va a costar dejarlo: el trabajo ha llenado mi vida»
Tras una larga carrera dedicada a la enseñanza en Huétor Vega, Doña Pili se jubila cargada de cariño y emoción
Eduardo Tébar
Huétor Vega
Domingo, 15 de febrero 2026, 20:30
Le piden una sonrisa para la foto para este periódico y Pili no puede contener las lágrimas. Ella creía que este momento nunca iba a llegar, que la jubilación era un invento para gente cansada de trabajar. Pero es un soplo la vida, que diría el tango. Y ahora le toca decir adiós a toda una carrera profesional dedicada a la enseñanza en Huétor Vega. Pilar Gómez Gallego ha llevado el timón como directora del CEIP Mariana Pineda desde 2007. Casi veinte años. Pero estuvo aquí mucho antes. Desde el principio, cuando se pusieron los primeros ladrillos para la construcción del centro en 1989. Muchas de las madres y padres con las que hoy trata fueron antes alumnos suyos. Ahora —confiesa— le encantaría ser de nuevo aquella recién licenciada para volver a empezar esta historia.
–Lo curioso es que usted comenzó en el otro cole, Nuestra Señora de las Angustias. En la 'competencia'...
–Sí, trabajaba allí. Y se construyó este porque la Delegación decía que aquel era muy grande y que había que dividirlo. Así que los últimos que habíamos llegado allí salimos desplazados a este centro. Toda mi labor docente la he desarrollado en Huétor Vega, menos mi primer año, que lo pasé en Campamento, en San Roque.
–Entonces, ¿hueteña adoptiva?
–Exacto. Mi marido trabajó aquí de cartero muchísimo tiempo y yo, antes de ser maestra, venía mucho a ayudarle a la oficina. Ya frecuentábamos las fiestas. No vivíamos, pero vivíamos. Aquí llevo 32 años.
–Ha educado a varias generaciones en Huétor Vega.
–Así es. Tengo niños de alumnos. ¡Tengo compañeros que han sido alumnos! O sea, muchos años.
–¿Y cómo lleva el batiburrillo de emociones estos días?
–Mal. Lo llevo mal (lagrimea)… Porque, bueno, ha sido mi vida esto. Yo he trabajado en lo que me ha gustado. He disfrutado mucho con mi trabajo porque yo he sido vocacional desde siempre. Siempre he querido ser maestra. Saqué una de las mejores notas de selectividad y me metí en Magisterio. Era lo que yo quería. Y además en infantil, con los niños pequeños, que para mí eso es... Te dan una vida, una satisfacción enorme. He sido muy feliz viniendo a trabajar cada día. Entro en el colegio y se me pone la sonrisa sola. Me va a costar. El trabajo ha llenado mi vida.
«No me importaría empezar otra vez. Eso no todo el mundo lo puede decir. He sido feliz»
–Si por usted fuera…
–Volvería otra vez a mi final de carrera. Si pudiera, volvería. También hice un año de Psicología. Me preparé oposiciones y aprobé ese año. Y empecé a trabajar. Luego acabé Psicología mientras trabajaba porque me gustaba mucho. No me importaría empezar otra vez a trabajar. Eso no todo el mundo lo puede decir. Mi marido lleva dos años jubilado, mis hijos están fuera y ya tengo que tirar por otro camino. Pero claro que seguiría.
–¿Cómo la están tratando en esta despedida?
–Son muchísimos años y me conocen mucho. Me dan muchos ánimos. Me dicen que tengo que adaptarme a otro estilo de vida. Me da fatiga decirlo, pero han estado bien conmigo. Eso me llena de satisfacción. Y todos cometemos errores, pero creo que he sido muy ecuánime. Todas las decisiones que se han tomado ha sido pensando en la comunidad educativa, no pensando en una familia, en unos niños o en unos profesores.
Ampliar
–Aquí se ha consagrado un modelo educativo que implica mucho a las familias.
–Cuando yo cogí la dirección el colegio no funcionaba mal. Funcionaba como hace diecinueve años funcionaban los colegios: estabas en tu clase y poco más. Los maestros estábamos acostumbrados a meternos en nuestra clase; las familias, con las reuniones justas. Y ya está. Cuando yo cogí la dirección, gracias también al equipo directivo que he tenido, traté de cambiar esa dinámica. Hemos sido muy innovadores en ese aspecto. Hemos implicado muchísimo a la familia porque lo más importante es que la familia vea cómo se trabaja en un centro y sea partícipe de la enseñanza de su hijo. De esa manera se le da importancia a la educación. Hace años que trabajamos los valores y las emociones. Y hemos trabajado mucho la convivencia con actividades en grupo.
–Vaya, modestia aparte, esto ha mejorado mucho, ¿no?
–Muchísimo. Pero no es labor de una directora o director, sino la labor de todos. Un director puede tener muchas ideas, pero si el equipo directivo no lo sigue, o si el claustro y los profesores no se suman al carro, por muchas ideas que uno tenga, no se puede hacer.
Coexistencia
–¿Cómo ha influido el hecho de que los dos colegios estén pegados, uno al lado del otro?
–Yo creo que Huétor Vega se puede dar con un canto en los dientes. Es difícil que funcionen dos colegios tan juntos. Eso hace que haya rivalidad a nivel de familia, a nivel de pueblo, a nivel incluso de centro, pero se funciona muy bien.
«Hemos sido muy innovadores implicando a las familias y educando en valores»
–¿Y para usted cómo ha sido?
–Si le digo la verdad, muy difícil. Cuando nos vinimos aquí, al 'Colegio Rosa', éramos el «colegio malo». El otro era el único colegio de Huétor, el de toda la vida, en el que todo el mundo había estudiado. Por ese motivo, en el pensamiento general ha existido la idea de que el otro es mejor. Pero somos iguales y trabajamos igual.
–¿Y con las AMPAS?
–Muy bien. Las AMPAS que ha habido, antes de ser yo directora incluso, han estado siempre junto al profesorado; aportando ideas, colaborando y animando a la familia a que participe. Es una AMPA muy dinámica, muy colaborativa.
¿Tienes una suscripción? Inicia sesión