Saetas exaltadas en Huétor Vega

Curro Andrés, en la peña La Parra.
Curro Andrés, en la peña La Parra. / DIEGO LUZ
  • Curro Andrés dirigió una velada didáctica en la peña La Parra Flamenca sobre el cante religioso insignia de la Semana Santa

Toda la España musical se debate estos días entre la fobia y la filia hacia ‘Zona Temporalmente Autónoma’, el nuevo disco de la banda granadina Los Planetas, audaces conversores del patrimonio flamenco a sus crónicas amorosas en clave de apelmazado rock psicodélico. El trabajo del grupo de Jota presenta en su tramo inicial una suerte de saeta eléctrica, ‘Una cruz a cuestas’, con la intervención de Soleá Morente sobre unos versos rescatados de Manuel Vallejo, aquel saetero canónico que a su vez bebió de la fuente del genial Manuel Torre, el espectacular Niño Gloria, el enigmático Tomás Pavón, el singular Cojo de Málaga y la simpar Niña de los Peines. El padre de Soleá, Enrique Morente, era socio de honor de la peña La Parra de Huétor Vega, que albergó la noche del 31 de marzo la ‘Exaltación de la saeta’ dirigida y narrada por Curro Andrés.

La saeta: un género vivo entre balcones en Semana Santa, peñas protectoras de la pureza del cante e, incluso, los artistas de vanguardia más astutos. Curro Andrés, uno de los cantaores más activos en la actual etapa de la peña hueteña –son 36 años de singladura, con Juan Habichuela como primer socio honorífico– lleva un par de décadas difundiendo el elogio de la saeta, que aprendió en Sevilla. Asegura Curro Andrés que «un ateo puede cantar una saeta», pero también advierte que «el creyente se crece y las siente mucho más al hacerlas». En La Parra, Curro cedió espacio a las voces de Antonia Maldonado, María Gómez, María Maya y Antonio González. Todos ellos veteranos.

Mucho se ha discutido acerca del origen de la saeta. Para muchos investigadores se trata de un cante procedente de árabes y judíos. En la Edad Media, en los templos católicos actuaban los ‘jassan’, cantaores de sinagogas. En los templos de Kiev se entonan aún unos cánticos de gran similitud con la saeta. Sin embargo, este palo cobró naturaleza en los balcones y de la mano de los flamencos en el último tercio del siglo XIX y primero del XX. Durante la velada, que arrancó con Antonio González por carceleras, deslumbró la textura vocal de Antonia Maldonado, con reminiscencias de Gracia Montes. Y la voz dulce de María Maya. Y María Gómez: la mayor y más aplaudida, con su timbre arenoso.