Canciones con memoria

Javier Arnal y Vera Acacio, en la sala La Chistera.
Javier Arnal y Vera Acacio, en la sala La Chistera. / DIEGO LUZ
  • Javier Arnal y Las Flores del Mal conmueven con un concierto íntimo de rock herrumbroso en La Chistera de Monachil

Para los que tienen ya cierta edad, el nombre de Javier Arnal resuena como eterno secundario en el papel de guitarrista de Chatarreros de Sangre y Cielo, la mítica banda de Javier Corcobado en la primera mitad de los noventa. Aquella fue una pléyade –desde el sello Triquinoise y en conexión con los malagueños 713avo Amor– que cimentó las bases del rock independiente en España. Por vueltas de la vida, Arnal quiso volver a Granada para presentar anoche en Monachil su nuevo grupo, Las Flores del Mal, y de paso homenajear la memoria de uno de sus mejores amigos en La Chistera. Sala casi llena y emoción latente.

Arnal y su mujer, Vera Acacio, formaron parte del combo con el que Corcobado atronó hace una década en el festival Extratonauta, en la Industrial Copera. Esta vez, en cambio, pudimos disfrutar de sus propias composiciones en intimidad. La mayoría, procedentes del álbum ‘Canciones defectuosas’, que lanzan a través de la etiqueta El Muelle Records. Ambos representan el alma de un proyecto en el que les acompaña el bajista Marco Kowalski. Y no, no hubo mucho desperfecto en el repertorio, dirigido con soltura entre lo fronterizo y lo herrumbroso. Mientras Acacio modeló la electricidad crepitante de la guitarra, Arnal templó la atmósfera con colchón acústico y su –tre-men-da– voz lóbrega, implacable recurso interpretativo para relatos cosidos con patrones similares a los de Nick Cave o Mark Lanegan.

Por supuesto, el concepto de Las Flores del Mal encaja como un guante en el planteamiento de Arnal y Acacio, instalados en el desierto cinematográfico. «Vi Tabernas en el mapa y, con ese nombre, como para no quedarme», bromeó Javier. Y si Baudelaire aborrecía la ciudad y la hipocresía urbanita, ellos han creado un mundo a medida en unas canciones cortantes por fuera y sanadoras por dentro. Tras el suave inicio con ‘Long time ago’ y ‘I don’t know how’, explotaron las virtudes a dos voces en una versión del archiconocido ‘Summer wine’ («en español significa tinto de verano: pierde todo el glamour»). Acentuaron el ribete fílmico en ‘Walking under the fire of sun’, wéstern crepuscular creado para la última edición del Almería Western Film Festival. También releyeron el ‘Where the wild roses grow’ de Nick Cave y ‘Beneath the rose’ de Micah P. Hinson. Aunque fue en las piezas en castellano donde pellizcaron del todo: ‘Eva, Caín y Abel’, la inquietante ‘La sombra’ o la embriagadora ‘Besos de mar / Carmen’, con Vera Acacio al acordeón. Entrañable.