Lidia Calvente, en el jardín de la residencia familiar en Huétor Vega.
Lidia Calvente, en el jardín de la residencia familiar en Huétor Vega. / DIEGO LUZ

Lidia Calvente, la hueteña ejemplar

  • Nacida en Alemania y criada en Huétor Vega, la Jefa de la Unidad Operativa del Servicio de Vigilancia Aduanera de Ceuta acaba de recibir la medalla al Mérito Civil

Tiene Lidia Calvente la rotundidad en el habla de quien madrugaba para llevar la lección bien atada a los exámenes. Además es deportista practicante por pura vocación, algo que dice mucho de su tenacidad y capacidad de sacrificio. Quizá, el afán de superación le viene de herencia. Su orgulloso padre, Manuel, fue uno de tantos hueteños emigrados a Alemania en la segunda mitad del siglo pasado. Un trotamundos que se casó con una griega y que regresó para construir con sudor una de las casas más bonitas del pueblo, a la entrada del barrio de Caicena. Entre vigas de madera y la bodega doméstica con mosto de la tierra, la familia Calvente está de enhorabuena: Lidia acaba de recibir la medalla al Mérito Civil por su labor como Jefa de la Unidad Operativa del Servicio de Vigilancia Aduanera en Ceuta.

El Rey le concedió la distinción en diciembre de 2014, pero no ha sido hasta finales de 2016 cuando ha tenido lugar el acto de entrega. El delegado del Gobierno en Ceuta, Nicolás Fernández Cucurull, habló del valor de Calvente en su lucha: «Es una mujer valiente. Pese a las adversas situaciones».

Lidia es licenciada en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad de Granada. En 2008, ingresó en el Cuerpo de Agentes de Investigación del Servicio de Vigilancia Aduanera y, desde entonces, también ha desempeñado su labor profesional en ciudades como Sevilla, Palma de Mallorca y, finalmente, la ciudad autónoma, lugar al que llegó en 2012 para ser nombrada, un año después, jefa de la Unidad Operativa. En Ceuta, asegura, ha vivido los tres años más intensos de su carrera. ¿Lo más enriquecedor? «La mezcla de culturas: hay cristianos, musulmanes, hindúes, judíos…». Esta hueteña alta y asertiva reparte galones: «La medalla no es solo mérito mío, sino también de mi equipo. Es una unidad pequeña, compuesta por cinco personas. Pocas para Ceuta».

Madera de opositora

Lidia Calvente trabajó antes como auxiliar administrativo en el Ayuntamiento de Salobreña, un puesto que se le hacía pequeño. ¿Su salvación? Tener madera de opositora, lo que le sirvió para sacar la plaza en Vigilancia Aduanera, cuerpo de la Agencia Tributaria, dependiente del Ministerio de Hacienda. Lidia se declara insaciable. «Quiero seguir opositando en el futuro, al Cuerpo Superior de Vigilancia Aduanera: lo máximo». «La oposición», apunta, «no la saca el más listo, sino el más constante. Es una carrera de fondo. Las oposiciones son más limpias cuanto más alta es la administración». Nacida en Hannover en 1974, en Huétor Vega desarrolló su otra pasión: la natación. «Empecé en El Guerra en 1989». En los noventa se convirtió en monitora y se puso al frente de la escuela municipal, con los jóvenes nadadores. «Ir a Granada era un mundo, pero Huétor Vega lograba muy buenos resultados».

Del municipio, lamenta el efecto «ciudad dormitorio». «Lo veo despersonalizado. Antes, los vecinos se daban los buenos días, había un trato cercano. Eso se ha perdido». Su padre saca un ramillete de medallas. Un tintineo espectacular recorre el salón. Por si fuera poco, Lidia practica el triatlón. «El deporte me libera la mente. Disfruto nadando, montando en bici por Los Neveros o haciendo alpinismo». Y Lidia anuncia su próximo reto: cruzar el Estrecho a nado, como David Meca. Desde luego, no hay límites para esta hueteña ejemplar.