«El 99% de los hueteños somos gente noble y nos llevamos bien»

Manuel Velázquez, en su jardín, en el barrio de Los Peñones./DIEGO LUZ
Manuel Velázquez, en su jardín, en el barrio de Los Peñones. / DIEGO LUZ
El verano de... Manuel Velázquez

El pregonero de San Roque 2017 cree que «la convivencia siempre ha sido buena en el barrio de Los Peñones»

EDUARDO TÉBARHuétor Vega

Manuel Velázquez era un chaval en 1975, cuando se dedicaba a llamar a las puertas del pueblo para conseguir un donativo con el que organizar las festejos de San Roque. Aquellos voluntarios –una Comisión de Fiestas primigenia, digamos– recibían el apelativo de ‘mayordomos’. Ahora, 42 años después, este empresario es pregonero en Huétor Vega. Nativo de la calle Umbría, en el barrio de Los Peñones, Manolo es un amante de las motos. Es más, formó parte de una peña local en tiempos mozos. Comenzó a trabajar muy joven, con sus tres hermanos, en Frutas Avelázquez: el negocio que levantó su padre. También fue concejal por el PP en la década pasada, hasta que abandonó la política activa en 2011. Y no se ha movido de Los Peñones, donde disfruta de un jardín con unas vistas que poco tienen que envidiar al Albaicín.

–¿Cómo encajó el pregón?

–Me ha parecido un honor muy grande. No me lo esperaba. Nunca lo hubiese pensado. Luego me hizo ilusión. Es una responsabilidad. Uno expresa ahí sus sentimientos. Saco de dentro lo que Huétor Vega significa para mí.

–¿Y qué significa Huétor Vega?

–Me acuerdo de cuando los voluntarios éramos ‘mayordomos’. Íbamos puerta por puerta, casa por casa, pidiendo un detalle para organizar las fiestas. La economía era difícil y el pueblo era mucho más pequeño.

–El pueblo ha cambiado mucho.

–La ciudad dormitorio puede estar ya en 15.000 habitantes reales. En mi infancia, aquí vivirían unas 3.000 personas. Huétor Vega era un barrio. Así de simple. Nos conocíamos todos. Salir de Los Peñones y entrar en las Casas Nuevas se hacía muy lejano. No era desplazarse: era una excursión. Algunos vecinos quedan de entonces. Otros ya no están con nosotros. La convivencia siempre ha sido muy buena en Los Peñones. Nunca el tenido el más mínimo roce con nadie de mi edad.

–¿Nunca cosechó enemigos?

–Nunca. Ya no sé a mis espaldas. Pero, de frente, nunca.

–¿Mantiene amigos de la infancia?

–Sí, se mantienen y son muy actuales, aunque cada uno tenga su trabajo y su vida. Nos vemos ocasionalmente. Yo soy de la quinta del 79, que es cuando hice la mili. Nos medían y nos llamaban al año siguiente. En nuestra quinta éramos veinte o treinta. Pues bien, nos juntamos todos los años. Retomamos la costumbre en 2002 para no perder el contacto. Compartimos almuerzo y convivencia durante un día. Somos la quinta de La Rosca.

«El centro de salud de Huétor Vega culmina las necesidades básicas»

–Llegó a estudiar algo de electrónica e informática.

–Tampoco era un gran estudiante. Luego tocaron las necesidades de la empresa familiar. Ahí me decanté. Empecé a trabajar. Y sigo en activo porque disfruto mucho con mi trabajo. No me pesa. Y eso que tenemos un horario que es para que pesara, porque estamos desde las dos de la mañana. Gracias a Dios, la empresa ha crecido. A las dos de la mañana toca el reloj y a las dos y media hay que estar en Mercagranada. No me perdono dormirme y llegar tarde. La siesta me salva el descanso.

–¿Qué es lo que hace especial este municipio?

–Huétor Vega me gusta porque es un pueblo muy ordenado. No tiene un entorno social problemático. El 99% de los hueteños somos gente noble. No salimos en los medios por tener problemas constantes. Somos buenos vecinos y nos llevamos bien. La convivencia es envidiable. Y estamos muy cerca de Granada, en una situación perfecta. Mi mujer es de Monachil. La mancomunidad se entiende. Para mí es importante estar cerca de mi madre, mis hermanos y mis amigos.

–¿Y cómo vive San Roque?

–No nos perdemos las fiestas por nada del mundo. Son sagradas. Las vacaciones son cortas y algunos años me pilla fuera, pero siempre acudo, ya sea al principio o al final. Y la procesión no nos la perdemos nunca. Somos devotos de San Roque y de la Virgen del Rosario.

–¿Dónde se escapa este verano?

–Suelo veranear cerca. Si no lo hago en Almuñécar, me voy a Salobreña. Como muy lejos, Nerja. Para mí, Granada tiene la mejor costa. La zona entre Nerja y Almuñécar es insuperable. Los últimos años hemos ido a Nerja. Entre estos tres pueblos se suelen repartir nuestras vacaciones. El trayecto es corto y el paisaje es muy bonito. Lo malo es que no puedo disfrutar la playa todo lo que me gustaría porque el trabajo exige estar muy pendiente y no desconectar. Lo vivo con intensidad.

«Mis destinos favoritos en verano son Nerja y la Costa Tropical»

–¿Qué cambiaría de Huétor Vega?

–Si algo requería a la fuerza Huétor Vega, eso es el nuevo centro de salud. Creo que culmina las necesidades básicas del pueblo. Además cuenta con dos aparcamientos. En cuanto al transporte, estamos tan cerca de Granada que no hay problema. En todas las casas hay un coche o moto. A todos nos gustaría que pasara el autobús por la puerta de casa. No veo una carencia. No podemos pretender que pase el autobús en el momento que salimos de la vivienda. Eso es mucho pedir. Por lo demás, Huétor Vega cuenta con un excelente espacio deportivo. En deportes estamos arriba. Tenemos lo que necesitamos. Y, sobre todo, mucha calidad de vida. El hombre avanza porque pretende siempre ir a más. Tampoco nos vamos a abandonar en el sueño.

–¿Cómo ve la evolución urbanística del entorno?

–Pienso que ha sido un urbanismo moderado. No se han llevado a cabo grandes construcciones que hayan desequilibrado el entorno paisajístico.

Fotos

Vídeos