Las fiestas de San Miguel despiden el verano en Huétor Vega

Antonio Fernández ‘El Colorín’, impulsor de las fiestas. / DIEGO LUZ

Este fin de semana tendrán lugar diversas actividades en el barrio. Los vecinos compraron la imagen del santo en 1978

EDUARDO TÉBARHuétor Vega

«Septiembre aún es verano», decía aquella canción del grupo de punk-pop Airbag, que en su tiempo presentó en un programa radiofónico de Huétor Vega. Pero tarde o temprano se acaba el estío y llega el frío. El toque de corneta en el municipio metropolitano lo da cada septiembre el barrio de San Miguel. Sus fiestas son de los vecinos y para los vecinos. La noche del viernes 29 volverán a reunirse en el Monte Vélez para brindar y disfrutar del baile del grupo Mis Flamenkitos.

El sábado 30 tendrá lugar la procesión del patrón. «Después tomaremos unos frutos secos y disfrutaremos con la música en directo de McGregor», anuncia Antonio Fernández, también conocido como ‘El Colorín’, impulsor de este evento vecinal. El domingo 1 de octubre se celebrará el Día de la Bicicleta, como en los últimos años.

Cuentan los veteranos que hubo una época en la que los festejos barriales se extendían durante nueve días. Ahora, la jarana se reduce a un fin de semana. Eso sí, un fin de semana entrañable y bien aprovechado. Tiene mucho mérito sentar a todo un barrio en torno a la mesa para compartir una cena. A falta de concretar detalles con el Ayuntamiento, se repetirá la clásica merienda popular en la plaza de San Miguel Bajo.

En 1978, Antonio Fernández peleó, junto a los vecinos de San Miguel, para la creación de la ermita del patrón. «Ahí sigue. Y que dure muchos años», suspira. «San Miguel es importante. Es un sentimiento para la gente del barrio. Una tía de mi padre realizó una recolecta para comprar la imagen del santo».

Las fiestas han evolucionado. Antes se prendían hogueras, hasta que se desaconsejó esa práctica. La de ‘El Colorín’ es una historia de amor al pueblo y dedicación a las raíces que le unen al pasado más espartano del lugar. Ha pasado la friolera de 39 años desde que Antonio abanderó la defensa de la identidad del barrio. Y sigue tan entusiasmado como hace cuatro décadas.

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