Festival de Jazz de Huétor: samba por bulerías en la vega de Granada

Fernando Wilhelmi, director del Zute Project Ensemble, en el Festival de Jazz de Huétor Vega./DIEGO LUZ
Fernando Wilhelmi, director del Zute Project Ensemble, en el Festival de Jazz de Huétor Vega. / DIEGO LUZ

El maestro Fernando Wilhelmi lidera la consagración, en su cuarta edición, del encuentro musical en el Camino del Zute

EDUARDO TÉBARGranada

Mientras Eskorzo dejaban exhaustos a más de 5.000 granadinos este viernes en el Paseo del Salón, el público de la vega comenzaba a llenar La Fabriquilla, escenario de las cuatro ediciones del Festival de Jazz de Huétor Vega. La noche ofreció realidades paralelas, que algunos asistentes compatibilizaron gracias a los cinco minutos en coche que separan al municipio metropolitano de la capital. Granada empieza a asumir –incluso a institucionalizar– su carácter de ciudad musical. Lo mismo murmuraban los aficionados hueteños, deseosos de que encuentros como el organizado por la concejalía de Cultura tengan continuidad y expansión.

No en vano, Huétor Vega es una de las localidades con más músicos por metro cuadrado en la provincia; cuenta con artistas de prestigio entre su vecindad y una situación privilegiada para aprovechar sinergias con la escena de Granada. Ahí queda el sentir del oyente, que anoche escuchaba con devoción y aplaudía después de cada fraseo.

Delicias en cantos sedosos y cadencias templadas sobre playas bananeras, herencia tanto de Jobim y Vinicius como de Djavan e Ivan Lins

El cuarto Festival de Jazz de Huétor Vega volvió a mirar hacia Brasil, horizonte socorrido en su meridional sentido de la improvisación. Repetía el esqueleto formado por el veterano baterista y vocalista Víctor Olmedo, con el guitarrista Miguel Corral y el bajista Nicolás Medina. Esta vez, la dirección del combo corría a cargo del sabio y experimentado Fernando Wilhelmi, maestro del saxo y la flauta. Se bautizaron para la ocasión como Zute Project Ensemble. La cantante brasileña Fernanda Tássia Alves se sumó a la mitad del repertorio. Delicias en cantos sedosos y cadencias templadas sobre playas tropicales y bananeras, herencia tanto de Jobim y Vinicius como de Djavan e Ivan Lins.

Hija del trompetista carioca Fernando Araujo, Fernanda acompaña de manera habitual a Corral y a Wilhelmi en la Orquesta de Ida y Vuelta que este conduce. Además, Fernando Wilhelmi es perro viejo. Ya figuraba en King Krible, banda granadina fundada a mediados de los ochenta y referente absoluto en esta tierra en lo que a fiestas latinas se refiere. Desde el canónico 'Plaza Nueva', de 1991, Wilhelmi y su clan han protagonizado hazañas con su descarga salsera, como el número uno obtenido en Colombia con 'Me gusta todo de ti' en 2013. Completaba el Zute Project Ensemble el batería Jaime Martínez, que allá por 2002 pululaba por los garitos con dos vecinos de Huétor Vega: José Antonio García (091) y Quini Almendros (La Guardia), entonces llamados Mezcal.

Variedad sureña

El cartel doble del año pasado –Pecos Beck y DeNovo Trío– se ha reducido a un nombre único en 2018. Pero el sabor de boca fue igual de satisfactorio. El jefe, Fernando Wilhelmi, es un entusiasta de la música afroamericana en su variedad sureña. El concierto viajó por Brasil, Cuba y Estados Unidos. Y por Andalucía: el plantel bordó la balada jazzística por bulerías. Wilhelmi subía y bajaba por la costa atlántica.

El recién armado Zute Project Ensemble es en realidad un grupo de amigos que se entienden con la mirada. Con un punto didáctico: «Por desgracia, Edu Lobo no es tan conocido como Jobim», dijo el flautista antes de presentar la versión de la amazónica 'Casa forte'. Igual que cuando introdujeron el 'Obi' de Djavan. Y nada de verbena turística: este Proyecto Zute destiló erudición, seriedad y poquita concesión a la residencia en karaokes. La recompensa era otra: el confort y la familiaridad de la samba y el jazz que se envasan, como el ron habanero, en madera de cerezo.

¿Lo más aplaudido? Una vetusta composición de Wilhelmi, 'Imagina', uno de los pocos fenómenos capaz de reformular con genialidad el legado de Jobim y Nelson Cavaquinho.

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