«Quien emigra de Huétor Vega sigue conectado siempre al pueblo»

Francisco de Paula Pérez-Rejón Sola muetra varias postales de la serie./DIEGO LUZ
Francisco de Paula Pérez-Rejón Sola muetra varias postales de la serie. / DIEGO LUZ

El cronista oficial del municipio recoge la historia de la localidad en una serie de postales benéficas

E. TÉBARHuétor Vega

Todos le dan un abrazo cuando entra a saludar al Ayuntamiento, donde trabajó tantos años como tipógrafo después emigrar a Alemania en 1962. Antes, con solo diez añitos, empezó a laborar en la imprenta de los Agustinos, en Monachil. También probó el oficio de policía, «pero aquello a mí no me gusta», relata este contador de historias. A Francisco de Paula Pérez-Rejón Sola, cronista oficial de Huétor Vega, lo que le embelesa es el papel, el cartón, la tinta, la mancha de color. Polifacético, a este amante de su pueblo le quedan cosas por hacer. Ha empezado otro libro. Y en primavera puso en circulación una serie de nueve dibujos e imágenes de su cosecha. La temática es siempre la misma: Huétor Vega. Las vendía en estancos y librerías. A 60 céntimos la postal y a 4,90 euros la colección completa. El dinero recaudado lo dona íntegramente a Cáritas.

Cada postal es un mundo. El mundo de Paco. Un salmo ilustra el amanecer hueteño: «Amanece la luz para el justo y la alegría para los rectos de corazón». O un oleo del ilustre artista local Emilio Peregrina. O su atención con el intenso flamenco local: aparecen la familia Morente, Ramón del Paso, la joven promesa Juan María Girela y Encarna Reyes, pionera de la compañía de teatro La Toscana, «vestida de gala bajo el magnolio rosa del Carmen». Y algo de historiografía. El agua del puente romano llegaba hasta el palacete de la Avenida de Cervantes de Granada. Se trata de una acuarela que Pérez-Rejón Sola pintó en 1958. Es decir, una pieza sexagenaria.

«Quiero recopilar la realidad de los nativos que se ausentaron y siguen en contacto con su tierra»

Pero hay más. Paco reivindica los productos de la gastronomía local. O la Cruz de Piedra de 1891, que antaño usó en el Callejero. Una de las piezas más demandadas muestra el oficio de los neveros, un clásico durante siglos en Huétor Vega. Tan tradicional como la vendimia en el pueblo del mosto. «El vino de Huétor alegra el corazón del hombre», proclama el cronista oficial.

Los vecinos escriben el relato

«Estoy dejando las acuarelas porque son muy difíciles. Sigo pintando en óleo, pero lo que puedo, porque no siempre tengo ganas. Leer, pues también leo. Y escribir, sí. Me gusta escribir algo». Lo dice el autor de dos libros considerados la Biblia del pasado hueteño. «Ahora estoy trabajando en otra cosa», confiesa. Paco cree que quedan huellas de Huétor Vega por descubrir. «Esta serie de postales era un compromiso que yo tenía y que necesitaba cumplir. Mi nuevo proyecto consiste en recopilar la realidad de aquellas personas que, siendo nativas de Huétor Vega, se ausentaron, aunque de alguna forma siguen en contacto con el pueblo. Luego están las familias que han llegado para quedarse en Huétor Vega y que son tan hueteños o más que nosotros. El concepto sobre el que pienso son todas esas historias no escritas», confiesa.

Don Francisco insiste en que «la historia del pueblo la escriben sus vecinos». Por eso, sus trabajos buscan siempre la conexión con la calle, con la parte de abajo, con el relato oral. Estamos ante el verdadero arqueólogo de Huétor Vega.

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